Bibliotecas contra la exclusión social en Tetuán

La biblioteca de Muhammad Lucach, situada en un barrio industrial de Tetuán, acoge esta mañana a una cincuentena de escolares para realizar un taller de animación. Por la tarde, toca sesión del club de lectura con un grupo de jóvenes. En otra parte de la ciudad marroquí, en el centro social de Albugaz, sesenta mujeres de todas las edades se reúnen convocadas por una asociación feminista para hablar sobre la violencia de género.

Estos ejemplos forman parte de un proyecto pionero en la ciudad de Tetuán que quiere convertir las bibliotecas y otros equipamientos de proximidad en centros socioculturales de referencia, especialmente para los jóvenes y las mujeres, y servir, así como herramientas para luchar contra la desigualdad y la exclusión social. La iniciativa se ha inspirado en el modelo de gestión de bibliotecas y centros cívicos de Barcelona, y espera poder exportarse a otras ciudades de Marruecos.

Tarik, estudiante de primaria, participa en el concurrido taller de creación de dibujos animados de la biblioteca Muhammad Lucach, que imparten un profesor de Bellas Artes acompañado de algunos estudiantes. Antes de la inauguración del centro, él y sus compañeros tenían pocas más opciones de ocio que jugar en la calle. El equipamiento está situado en el distrito de Coelma, un barrio periurbano al sur de Tetuán, constituido en su mayor parte por viviendas ilegales y caracterizado por una alta densidad de población y también por la falta de servicios públicos básicos.

Mohamed Fuad, director de la Asociación Tetuaní de Iniciativas Sociolaborales (ATIL), una ONG que trabaja desde 1993 en esta ciudad marroquí, traza una radiografía desalentadora de este barrio, que es la realidad que viven los jóvenes de muchas otras ciudades del país: altas tasas de paro y de abandono escolar, inseguridad, delincuencia juvenil, tráfico de drogas y antecedentes de radicalismo. “Muchos jóvenes no están en riesgo, sino que se encuentran ya en situación de exclusión social”.

Coelma es una de las zonas donde se ha implementado el proyecto de cooperación internacional que busca “promover la gobernanza democrática local través de la mejora de la gestión de los servicios públicos”. Se trata de una iniciativa impulsada conjuntamente por Fundación CODESPA en España y la ONG ATIL en Marruecos, y apoyado por el Ayuntamiento de Barcelona y la Comuna de Tetuán. Marta Borrat, técnica de proyectos de Fundación CODESPA, explica que el proyecto surgió en 2014 con el fin de armonizar las necesidades, voluntades y oportunidades de dos partes: por un lado, el ayuntamiento de la Tetuán, que quería impulsar el desarrollo de las zonas más desfavorecidas y marginales, y entendía que los equipamientos de proximidad podían ser una buena herramienta para ello. Sin embargo, el ayuntamiento no estaba preparados para gestionar y dotar de contenido a esos centros. Por otro lado, las organizaciones de la sociedad civil, que querían y tenían capacidad para ofrecer esos servicios, pero a quienes les faltaban espacios y recursos para llevarlos adelante.

De esta manera, se decidió poner en marcha un proyecto piloto en tres equipamientos de la ciudad (una biblioteca, un centro social y un polideportivo) situados en barrios desfavorecidos como el de Coelma. Khalid Charif, jefe de equipamientos de proximidad del ayuntamiento de Tetuán, explica que el primer paso fue consultar e implicar a los vecinos y vecinas y entidades de los barrios: “Fuimos a cada uno de los equipamientos y les preguntamos a los directores de escuelas, a las asociaciones del barrio, a los responsables de centros de salud, centros de juventud, organizaciones de la sociedad civil, para preguntares cuáles eran las necesidades de la población, en el ámbito sociocultural. Apuntamos ideas y eso se tradujo en un plan de trabajo”.

Con todo lo recogido, a principios de 2017 se inició la programación de actividades en esos centros, organizadas en colaboración con una veintena de actores de organizaciones de la sociedad civil y de la administración pública. Tras un curso de funcionamiento (con casi 40 actividades entre enero y junio de ese año), se analizaron los resultados, se tomó nota de los puntos fuertes y débiles, y a comienzos de 2018 la experiencia se extendió a ocho centros de proximidad —seis bibliotecas, un polideportivo y un centro social—, abarcando casi todos los distritos de Tetuán. Hoy quienes acuden a estos espacios se encuentran con actividades tan diversas como clubs de lectura, de cine y de teatro, talleres de audiovisuales y creación de cuentos, torneos de ajedrez, charlas sobre acoso escolar, derechos de la infancia, la mujer y el mundo laboral, un espacio para mujeres maltratadas, etc.

La juventud marroquí, entre la problemática y la oportunidad

En Marruecos, un 53% de la población tiene menos de 24 años, una cifra que en España sería una buena noticia pero que en el país norteafricano representa ante todo un desafío. Más de 1,2 millones de personas entre 15 y 24 años no están trabajando, ni estudiando ni formándose; el curso pasado, casi 300.000 abandonaron el sistema educativo. Por ello, muchos de ellos sueñan con dejar Europa, de la que solo le separan 14 kilómetros, pero en los que se concentra la mayor desigualdad del mundo: la diferencia del nivel de renta es de hasta 15 veces entre un extremo y otro (en la frontera entre Estados Unidos y México, por ejemplo, esta diferencia se multiplica solo por 6).

Por ese motivo, como explica el director de ATIL, el principal destinatario de este proyecto son los y las jóvenes. “Esta prestación de servicios socioculturales y deportivos ha de ser una herramienta que facilite su socialización y evite su exclusión. Si los jóvenes han de ir a una educación pública masificada y degradada, no tienen acceso a servicios de salud pública de calidad, no tienen acceso a la cultura, al deporte, esto crea un caldo de cultivo que conduce a altas tasas de abandono escolar, emigración clandestina y jóvenes radicalizados. Por eso las actividades destinadas a la juventud, como las deportivas, de música, los clubs de lectura, de teatro, audiovisuales, han tenido un éxito tremendo”.

Actividades con las escuelas y servicios sociales

Khalid Charif, de la comuna de Tetuán, destaca las actividades dirigidas a alumnos de primaria. Desde enero hasta julio de 2018 se realizaron casi 315 actividades en 6 bibliotecas de proximidad, en las que participaron más de 4.000 niños y niñas: desde talleres de creación de cuentos, de lectura, dibujo o juegos de mesa hasta preparación de exámenes… Son iniciativas que también tienen mucho éxito, “pero más importante que el número de participantes es que estas actividades se han establecido como un programa fijo en el calendario semanal de la biblioteca”.

Pero el público de las bibliotecas es también todo el barrio. El director de ATIL destaca otras actividades que quizá no son “tan visibles como las dirigidas a niños y jóvenes” pero que son “muy valiosas”. Así, con regularidad se organizan charlas a cargo de los servicios sociales de la administración de una amplia diversidad de temas: sobre campañas de vacunación de bebés, las drogas en la escuela, el acoso sexual a través de internet, la mujer y el mundo laboral, la violencia de género, o el derecho a presentar peticiones a la autoridad. “A muchas familias con escasa formación, les cuesta salir de sus barrios, y no van a trasladarse a otra punta de la ciudad para informarse. Por eso, tener organizado un circuito para hacer llegar a la población esa información a su propio barrio, de forma regular, es importantísimo”.

Con todas estas iniciativas, el objetivo es que las bibliotecas dejen de ser meros espacios para ir a estudiar o consultar un libro y se conviertan en herramientas que contribuyan a fomentar la lectura y la educación, a democratizar el ocio y la cultura, y también a la promoción de valores ligados a la tolerancia y el respeto, a la cohesión social y la construcción de ciudadanía.

La comuna de Tetuán mira a Barcelona

Para este proyecto, el Ayuntamiento de Barcelona y su modelo de gestión de los equipamientos han sido una referencia metodológica: “Salvando las distancias, las diferencias de recursos y las culturales —explica Fuad— toda esa cultura barcelonesa de casales de barrio, donde se reúnen las asociaciones, discuten temas y elaboran propuestas, nos ha servido de inspiración”. Y es que un aspecto esencial ha sido la participación de todos los diferentes actores implicados: desde la comuna de Tetuán y los servicios públicos, a las asociaciones de barrio, las organizaciones de la sociedad civil y los mismos vecinos.

También Khalid destaca el valor de esta metodología participativa: “Para elaborar una única actividad pueden llegar a participar 4 o 5 actores diferentes, y esto es muy importante porque aumenta el impacto de la acción y ofrece una mayor calidad. Por primera vez en Marruecos, diferentes actores de la ciudad han tenido que coordinarse para trabajar juntos”.

Y para conocer el modelo de gestión de Barcelona, se han realizado intercambios de experiencias entre los ayuntamientos de un lado y otro del Mediterráneo. Cristina Corredoira González, Técnica de la dirección de justicia global y cooperación internacional del Ayuntamiento de Barcelona —que viajó a Tetuán, y recibió a sus homólogos de la ciudad marroquí en Barcelona— recalca que con este proyecto no ha tratado de “exportar” el modelo de Barcelona a Marruecos, sino de “compartir la experiencia de creación, planificación y gestión de un servicio, los éxitos y los fracasos de una determinada política pública municipal. Nuestro objetivo es que las ciudades desarrollen su propio modelo y que sea el que mejor convenga a ese contexto determinado”.

Ejemplo para otras ciudades de Marruecos

El proyecto de cooperación ha puesto de manifiesto unos cuantos retos. Khalid Charif señala la necesidad de un mayor compromiso por parte del Estado: “Aunque el político ponga su firma, a veces me he encontrado yo solo y mis funcionarios. Nos faltan muchos recursos”.

Y el director de ATIL recalca la necesidad de invertir en políticas públicas sociales, aunque las decisiones no dependen solo del Estado: “En un país donde la mayoría de la población es joven, hay que invertir en educación, formación, servicios de ocio, acompañamiento. Los jóvenes no están en fase de dar sino de recibir, por lo que no puedes vivir sin déficit. Pero si las organizaciones que te financian, los organismos internacionales te exigen reducir el déficit, el sistema no funciona”. Y añade que “solo cuando la exclusión que sufren los jóvenes se ha convertido en un problema de seguridad en Europa, ha sido cuando la sociedad internacional (el FMI, el Banco Mundial) han cambiado sus recetas de recortes y han permitido que países como Marruecos incrementen las políticas sociales”.

Marta Borrat, de Fundación CODESPA, explica que lo importante, más que el número de actividades realizadas, es que “se han sentado unas bases para una colaboración entre el ayuntamiento y sociedad civil”, de forma que los centros pueden continuar con sus programaciones una vez finalice el proyecto, previsto para finales de este año.

La experiencia de Tetuán además podría extenderse a otras ciudades de Marruecos con problemáticas similares. De momento, Khalid Charif ha viajado a Tánger, en concreto al Beni Makade, uno de los grandes barrios periurbanos nacidos del éxodo rural, un paisaje de casas abigarradas, calles sin asfaltar y sin servicios básicos en el que malviven alejadas de los planes de transformación cerca de 400.000 personas, para hablar de cómo los equipamientos de proximidad pueden dar una oportunidad a los barrios más marginales.

Bibliotecas contra la exclusión socialTexto: Elena Calzada

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